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jueves, 12 de abril de 2012

Una forma de reconciliarme con el mundo

De celuloide y a toda música.
Con planos largos, íntimos, elocuentes.
Un bello ejercicio de milagro.



Dar con la clave y sentir que quieres que forme parte de tu vida, aunque sabes de antemano que nada en ella es ni puede ser estrictamente normal o convencional. Y enajenarse con la propia ilusión y defenderla a golpe de volante, como un samurai de las causas perdidas.

Drive (2011), de Nicolas Winding Refn

domingo, 11 de diciembre de 2011

Humoresque

O como pasar de una fantasía musical a ver morir a Joan Crawford en un mar de lágrimas.


Una mañana, no hace mucho, me despertaron los acordes de Carmen Fantasie, una virtuosa pieza para piano y orquesta, compuesta originariamente para la banda sonora de una película.








De ahí todo fue recorrer el mundo en pos de Franz Waxman, su compositor, a través de las películas a las que puso música, para detenerme y deleitarme, quizá, con la más sobresaliente de su carrera, al menos a nivel musical: Humoresque.


Gran película, grandes interpretaciones, gran banda sonora.



Lo de Joan Crawford merece mención especial, no porque desee descubrirla ahora sino porque la historia que narra en la película, sin ella o con otra actriz, hubiera sido de muy distinta intensidad.
Jamás un embelesamiento musical había sido tan magistralmente interpretado, no sólo por el amor que profesa hacia el genial violinista sino también por la belleza que se desprende de su instrumento.
Tanta pasión encontrada sólo podía tener un trágico resultado. Y aunque me revienta contaros el final de la peli, no me queda otra salida.


[pinchar en la imagen]

domingo, 19 de junio de 2011

Algo de cine

Guerras de las galaxias, psicosis varias, mujeres siempre al borde de un ataque de algo. Gladiadores, cowboys, agentes secretos y miembros de la resistencia.
Lady Marian, Jack Sparrow, Sabrina o Bullitt.


Algo de cine,… para perdernos, enamorarnos, asustarnos,… y para reir, llorar, cantar o, solamente, disfrutar.




D’ací a l’eternitat


Com més tendre es vagi fent l’instant,
més ens anirem assemblant
a les roques que tanquen la platja:
les ones trencaran sobre nosaltres dos
i no ens n’adonarem,
vindrà un castell d’aigua, vindrà un galop d’escuma,
vindrà la sal a apunyalar-nos,
vindrà la lluna,
la sorra ens voldrà fuetejar,
i aquell instant serà l’eternitat.


Potser rodolarem pendent avall,
potser la marea tindrà enveja de nosaltres,
potser els crancs, els còdols, les algues, les petxines,
el reflex de les estrelles en la sorra mullada,
el llaç escorredor del reflux de les onades,
ens voldran arrossegar per ofegar-nos.
No hi fa res:
ací, serà l’eternitat.



La gata a la teulada de zinc


Aquests ulls color d’acer són acer de debò:
no perdonen les ferides que han rebut,
Iiles tornen.


Que una boira d’alcohol n’embolcalli la mirada tan sovint,
no pot dissimular-ne la duresa:
agredeixen amb rancúnia, sense treva,
es fan acompanyar pels vandàlics escamots de la paraula,
i es llencen a l’atac ferotgement.
La bellesa no els aplaca, el plor no els entendreix.


Què més podria, la mirada, haver volgut
que els ulls d’ell i que els ulls d’ella com balcons des d’on mirar,
que el cos d’ell i que el cos d’ella com paisatge on delectar-se,
que la immensa mansió per dilatar-se en el luxe de sales i jardins?


I tot és un infern,
tot crema
com un teulat de metall al sol abrusador d’un migdia d’estiu,
com un punyal arroentat en el foc inestingible
d’una antiga tendresa malferida.




Bond, James Bond


Uns ulls brillants i un pentinat impecable,
una agilitat felina,
una companyia sensual, un desig insaciable,
i estar fet a la mida
del món:
James Bond.


I viure en el límit del risc, en el caire de l’avenc, en la mira del fusell, a la punta del revòlver, en les xarxes del parany, en les urpes dels espectres,


sense acobardir-se mai;


resseguir amb una carícia la suau orografia de tants cossos desitjables, tastar besos en uns llavis de somriure indesxifrable, canviar el desdeny i la ira en una ardent relació,


sense despentinar-se mai;


habitar entre la tècnica i la màgia, entre el làser i l’espelma, entre el míssil i la daga, el coet i el submarí, l’explosió i el xiuxiueig,


sense sorprendre’s mai;


provar el cotxe, el iot, el joc, el xampany fred, la lluita, els cops, la sang pròpia i la dels altres,


sense immutar-se mai;


comptar els segons que queden per desactivar una bomba, per saltar d’un tren en marxa, per romandre sota l’aigua sense oxigen i amb taurons, o per fer un darrer petó en el frenesí de la fugida,


sense angoixar-se mai.


Només pels vostres ulls, espies estimades!


Al cap i a la fi funcionari, potser mal pagat i d’estatus precari, lliure, però, de l’asfíxia d’un món rutinari, feliç en el risc, en el luxe, en el sexe,


i fet a la mida del món:


James Bond.






**Los versos son de David Jou, de su libro Els ulls del falcó maltès: poemes sobre cinema (Mallorca, editorial Moll, año 2000)

jueves, 23 de septiembre de 2010

Lujuria

Perversamente fascinante.
Y aunque ya hablé de ella hace dos años (Lust, caution) la recupero por su tema principal: Wong Chia Chi's.

Lujuria en la clandestinidad, en los qipaos que sensualmente perfilan el cuerpo femenino, en la música que conduce al peligro,… en el deseo que aviva Tony.




Tony Leung

Qipaos

Alexandre Desplat

sábado, 20 de junio de 2009

Smiles!

El hombre de hielo se ha reído aunque para ello me haya tenido que caer de la silla.
Su risa ha sido de aquellas que se contagian. Su estruendo, el primero de una serie de réplicas más o menos afortunadas pero sin llegar a alcanzar a la original más que en las intenciones.
El hombre de hielo se ha reído demostrando que el sentido del humor es particular de cada uno y general de la mayoría.
Y entre tanta chanza, mis posaderas en el duro suelo, doloridas y escarmentadas de lo lindo.
Desde mi posición privilegiada, me rodean cientos de piernas descontroladas que intentan contrarrestar el ataque de las cajas torácicas, ajenas a la razón que ha provocado semejante barullo.
No puedo dejar de observar la mandíbula desencajada del hombre de hielo y esa energía emanada desde su fuero más interno.
Pareciera que me quisieran engullir pero también mi risa adquiere protagonismo entonces, ensordeciendo como la que más.
¿Para qué levantarme? Nada tiene remedio ya.




Ninotchka (1939)
director: Ernst Lubitsch
actores: Greta Garbo, Melvyn Douglas

sábado, 13 de diciembre de 2008

Retazos de amor, por Stanley Donen (IV)

Cuando llevas unos años casado, ¿qué puede estropear tu matrimonio?
¿Un mayordomo ocioso que te persigue por casa para pedirte que le rebajes el sueldo porque no le parece justo cobrar tanto? ¿La desagradable institutriz de tus hijos que, aunque eficaz, no soportas desde hace tiempo? ¿Tener que abrir tu casa a ingentes cantidades de turistas para cobrarles la visita guiada que te permite llegar a fin de mes? ¿O, quizás, que tu esposa se enamore en media hora de algún guapo divorciado norteamericano, multimillonario para más señas, que se ha colado en tu hogar alegando un despiste en la visita?
Yo me decantaría por la tercera opción: ya me imagino los autocares aparcados en mi jardín, mientras cientos de japoneses sacan fotos de todo el exterior esperando que se abran las puertas de la casa para poder ver los retratos de mis antepasados. ¡¡Qué horror!!

El amigo Donen prefiere el adulterio para provocar una crisis matrimonial, al que añade la flema británica, una flema bastante particular, que cuando llueve no se moja como las demás.
En Página en blanco (The grass is greener, 1960) Cary Grant y Deborah Kerr llevan 12 años felizmente casados. Pero un día, Robert Mitchum aparece ante la Kerr y ésta cae rendida, huyendo a Londres con él. Jean Simmons, amiga del matrimonio, hace de consejera.


Victor [Cary Grant]: Dime, ¿le has conocido?
Hattie [Jean Simmons]: Hace tiempo que no me presentan a un millonario soltero. Me intimidaría tanto que le haría una reverencia.
Victor: ¿Y Hilary [Deborah Kerr] no te ha hablado de él?
Hattie: Aunque apenas la he visto, continuamente, excepto cuando hablaba de ti.
Victor: ¿Qué te decía?
Hattie: Que te quiere.
Victor: ¿Pero a él le ama?
Hattie: Locamente.
Victor: Mmm, hay una diferencia, ¿no?. Siempre dije que no saldría nada bueno abriendo esta casa al público… ¿y está con él todo el tiempo?
Hattie: Eso me figuro.
Victor: Asombroso, ¿verdad?. Aquí tenemos a un honrado caballero a quien jamás se le ocurriría robarme mis gemelos o mi paraguas. Pero como paga media corona en la puerta, entra en mi casa y, sin ningún remordimiento de conciencia, procura tranquilamente robarme a mi esposa.
Hattie: Si hablamos así, Hilary tampoco robaría nada. ¡Pero eso no cuenta con el amor!
Y para luchar contra el amor adultero, ¿qué mejor que el talante británico?
Victor Rhyall monta una farsa invitando al amante de su mujer, y por extensión a ella también, para que la señora Rhyall se dé cuenta que debe regresar con su marido. De esta forma, no fuerza la vuelta al hogar y se asegura el tanto de los años de convivencia.



Durante la velada, Cary Grant pide una satisfacción a Robert Mitchum para restablecer el honor de su hogar y organiza un duelo. El amante encuentra la reacción de Rhyall totalmente fuera de lugar pues él, de encontrarse en su misma situación, ya hubiera cortado por lo sano matando a los adúlteros. Pero al final accede, perdiendo a la dama más tarde.

De todas formas, lo realmente grave es comprobar que al marido humillado le molesta más los regalos que su esposa recibe del amante que la propia infidelidad conyugal. ¡Cómo es el señor Rhyall!

Victor: Hay una diferencia entre el hombre y la mujer que hace que lo que es salsa para el ganso no lo sea para la gansa. Por eso las mujeres llevan alianza y los hombres no.
Hattie: Antes orgulloso, ahora arrogante y, en exceso, inmoral.
Victor: Vamos, vamos.
Hattie: Si Hilary se decide a abandonar a Charles [Robert Mitchum] deberías mostrarte agradecido. A mi me pareció muy bien dispuesta a volver aquí y continuar siendo la buena esposa y perfecta madre.
Victor: ¿Con el corazón destrozado?
Hattie: Sí, pero como le ha regalado un visón, con él mitigará su llanto.
Victor: ¿Qué dices que ha hecho?
Hattie: Regalarle un abrigo de visón.
Victor: ¡Maldito sea, así arda en el infierno!
Hattie: Oh, visón salvaje, una verdadera maravilla.
Victor: ¿Y cómo piensa justificarlo la buena madrecita?
Hattie: Pobrecilla, eso es lo que más le preocupa. Pero ya inventará alguna cosa.
Victor: He deseado regalarle un abrigo de visón desde que nos casamos. Y la próxima navidad ya podría haberlo hecho... ¡Debería matarlo!
Hattie: Creo que debemos evitar el derramamiento de sangre. Está algo anticuado.
Victor: Pues ya va siendo hora de actualizarlo. ¿Cómo va a volver con un abrigo de visón? ¿No esperará que me crea que lo compró con el dinero que ganó en los caballos?
Hattie: Se le ocurrirá algo mejor que eso. ¡No pretenderías que lo rechazara! ¿No es verdad? Visón salvaje, ¿cómo podría... bueno, a parte de que está asegurado en 3000 libras.
Victor: ¡¿3000 libras?!
Hattie: Así es, 3000 libras. Sin contar, naturalmente, su valor sentimental.



Un comportamiento similar lo volveremos a ver en Dos en la carrera (1967), aunque en un tono más serio. A Mark Wallace (Albert Finney) no le gusta saber que su mujer Joanna (Audrey Hepburn) se ha liado con el cuñado de su mecenas ya que, a parte del papelón que supone, es de dominio público. Aún así, no monta ningún espectáculo, pero sí la recrimina por su infidelidad.

Doris Lessing, en su libro Historias de Londres, también recoge este carácter británico.
En el relato La pura realidad, dos parejas pasan juntos un fin de semana. Una de ellas está casada, siendo la mujer la ex del chico de la otra pareja quien, a su vez, desea presentarle a su prometida americana. Pues bien, los ex se pasan el rato haciendo cosas juntos, con una complicidad tan exagerada que dejan casi de lado a los otros dos. Y así como el marido de la primera pareja entiende la amistad que ha quedado entre ellos, a la americana una situación tan sumamente cordial y civilizada le molesta en extremo, tanto como para decidir abandonar la casa y a su prometido al día siguiente.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Claxton vs McQueen


Estreché la mano de Natalie Wood, y por primera vez vi de cerca su hermoso rostro. Sus ojos pardos, oscuros y amables buscaron los míos, y supe que seríamos amigos. Me volví entonces para saludar a McQueen, su partenaire en la película. No me tendió la mano: se limitó a observarme con aquellos intensos ojos azules suyos (más adelante me comentaría: "Clax, con aquella mirada te dejé hecho polvo, ¿verdad?). Su mirada era aterradora. Tuve la impresión de que en menos de nada ya lo sabía todo sobre mí. Recuerdo que pensé: "Mierda, ¿en qué lío me he metido con este tipo?".



En una ocasión en que le acompañaba, conducía un Ford descapotable con tan sólo cincuenta kilómetros; lo llevó a toda velocidad por la autopista texana durante tanto tiempo que el motor empezó a humear y acabó por prender fuego. Entonces redujo la velocidad y me dijo: "Clax, cuando diga salta, ¡salta!". Conseguimos saltar en el instante mismo en que el coche estalló en llamas. Steve se sentó en la cuenta de la carrtera a una distancia prudencial del vehículo en llamas y se echó a reir a carcajadas. Yo estaba algo aturdido, y la experiencia no me resultaba tan divertida. El coche ardió por completo antes de que llegasen los bomberos. Al día siguiente, los titulares del periódico local decían: "La estrella de cine Steve McQueen escapa por poco a la muerte en un vehículo en llamas".


La revista Cosmopolitan me encargó un reportaje fotográfico sobre el diseñador de moda Rudi Gernreich. Le pregunté a Steve si estaría dispuesto a posar junto con Peggy [esposa de Claxton], que era la modelo favorita de Rudi y su musa particular. Steve accedió y disfrutó con la experiencia. En la fotografía aparece el Ferrari de Steve aparcado frente a su casa.




Fotógrafo y actor se conocieron y relacionaron en los primeros años de los 60. Este libro es el testimonio gráfico de esa etapa vital conjunta. Fotos directas y personales de un Steve McQueen irresistible.

William Claxton. Steve McQueen, photographs. Köln: Taschen, 2008. 192 pág.

sábado, 4 de octubre de 2008

Lust, caution


"No te lo quites", le dice el señor Yee a Mai Tai Tai cuando ésta se prueba un vestido.
"No te lo quites", y la carga erótica que desprenden esas cuatro palabras se quedan flotando en el ambiente.
Cierras los ojos un instante y esas palabras se refieren a tí: no te quites el vestido, me gustas así, atractiva, apetecible. Esas palabras te encadenan al deseo mudo de una mirada intencionada, desafiante, que mira más allá de lo que está viendo, que repasa cada centímetro del cuerpo femenino, que se recrea en la idea de la promesa sexual que lleva implícita.
Y el señor Yee se acerca a tí, todo un caballero, y pasa su mano por la cintura, lentamente, para acompañar tu cuerpo hacia la salida de la tienda, para invitarte a comer.
El leve roce de su mano contra la seda del vestido y tú te estremeces, con la necesidad imperiosa de eternizar ese instante porque te gustaría que su mano no se quedara ahí.

Cuando regresas de tu ensoñación, ellos están en el restaurante, continúan jugando a la seducción sin nadie a su alrededor. Ellos dos solos, frente a frente: el lobo con traje y corbata, y caperucita vestida de azul.



Mai Tai Tai: No te preocupes, haré todo lo que tu digas.

Lider de la resistencia: Bien, muy bien. Tienes que mantenerle atrapado. Si necesitas algo...

Mai Tai Tai: ¿De qué trampa me estás hablando? ¿Quién te crees que es él? Sabe fingir mejor que tú. No sólo penetra en mi interior, se va abriendo paso hasta mi corazón como una serpiente. Me penetra hasta el fondo y yo le acepto como una esclava. Intepreto mi papel al pie de la letra para poder llegar yo también a su corazón. Siempre me hace daño hasta que sangro y grito, sólo entonces queda satisfecho. Sólo entonces se siente vivo, en la oscuridad, sólo entonces sabe que todo es real.

Lider de la resistencia: Para, basta ya.

Mai Tai Tai: Y justo por eso, por eso puedo torturarle hasta que ya no puede aguantar más y yo sigo hasta que los dos caemos exhaustos...

Lider de la resistencia: ¡Basta ya!

Mai Tai Tai: Y cuando por fin se corre dentro de mí, pienso que es el momento... ¡¡el momento en que vais a entrar para pegarle un tiro en la nuca y que su sangre y sus sesos me cubran entera!!

Lider de la resitencia: ¡¡Cállate!!





Lust, caution (Deseo, peligro, 2007)
director: Ang Lee
actores: Tony Leung (señor Yee), Tang Wei (Mai Tai Tai)

martes, 29 de julio de 2008

Retazos de amor, por Stanley Donen (III)

El otro día escuché la siguiente conversación:
- El matrimonio es muy saludable, señor. Dicen que los hombres casados viven mucho más que los solteros.
- Porque intentan sobrevivir a las esposas para ser nuevamente solteros.
- ¿No ha pensado nunca en casarse, señor?
- Una vez, confieso, que cometí ese error pero la joven se arrepintió en el último momento. Le estoy muy agradecido desde entonces.

No soy cotilla pero reconozco que puse la oreja con gran emoción -¡por fin una escena ingeniosa en esta peli!-, al descubrir a Fred Astaire renegando del matrimonio. Sí señores, Fred Astaire y su ayudante conversan en el camerino después de una actuación, en el musical Bodas Reales (Royal wedding, 1951). O sea que ese diálogo tiene casi 60 años. Y no es que no me guste la película (dirigida también por Donen), lo que pasa es que odio los musicales con todas mis fuerzas.

Pero eso, ahora, no viene al caso. Lo que nos interesa es el espinoso asunto del matrimonio. ¿Por qué será que en todas las comedias románticas, los protagonistas masculinos se resisten a pasar por el altar? Y que conste que, a veces, tienen buenas razones para hacerlo. Por ejemplo, en Dos en la carretera (Two for the road, 1967), Albert Finney le explica sus motivos a una inocente Audrey Hepburn que lo escucha con cara de: “habla, habla, por la boca muere el pez”.





Mark: Una de las cosas que me molesta de las mujeres es que intentan clasificarte, ponerte en un casillero. Y no se dan cuentan que a nosotros nos molesta que nos clasifiquen. No piensan más que en el matrimonio. Y yo no tengo la menor intención de casarme hasta dentro de 40 años. No es que tenga nada personal contra las mujeres. Son los contratos lo que no me gustan: las promesas de fidelidad y buena conducta. ¿Has estado con algún hombre?
Joanna: …
Mark: Lo suponía, siempre lo noto.
Joannna: Enhorabuena.
Mark: Estuve dos años en la Universidad de Chicago.
Joanna: ¿Estudiando psicología femenina?
Mark: En la escuela nocturna. Durante el día, arquitectura. Siempre creí que la mujer americana era diferente, que había echado abajo barreras e inhibiciones y que creía en el amor libre.
Joanna: ¿Y no?
Mark: Pues no, pues no. La mujer americana puede dársela de super moderna pero en esa cuestión piensa igual que su abuela. Quiere poseer a su marido como si fuera un trofeo. Y al que no le guste, que se vaya con la música a otra parte. Estoy hablando en general, naturalmente.
Joanna: Naturalmente. ¿Cómo se llamaba?
Mark: ¿Cómo dices?… Se llamaba Cathy Seligman ya que lo preguntas. Era pedante, ambiciosa, frívola, egoísta, materialista, cabezota y mal criada. Y yo estaba loco por ella. Afortunadamente para ti, nunca la conocerás. Ahora es la señora de Howard Maxwell Manchester, nada menos.



También suele justificarse Cary Grant. En Bésalas por mí (1957), con un panorama bélico en el horizonte y habiendo fracasado ya en un matrimonio, es fácil escurrir el bulto.




Winy: ¿Dónde vas a pronunciar esos discursos?
Crewson: No lo sé. Probablemente, a lo largo de la costa.
Winy: Magnífico. Así no volverás a alejarte del país.
Crewson: Sí.
Winy: Así reformaré mi apartamento.
Crewson: ¡Para el carro!
Winy: ¿Qué pasa?
Crewson: He notado en tu voz cierto matiz de buena ama de casa.
Winy: ¿Y eso te molesta?
Crewson: Pues molestar no es la palabra justa. Quizás sea demasiado para mí que en un mismo día quede fuera de combate y esté a punto de que me echen el lazo.
Winy: Crewson.
Crewson: ¿Qué?
Winy: Te quiero mucho.
Crewson: La única forma en que se debe querer a una persona, de otro modo no merece la pena. Yo también te quiero.
Winy: De acuerdo entonces.
Crewson: ¿De acuerdo en qué?
Winy: Cuando dos personas se quieren mucho acostumbran a pensar en algo, ¿no?
Crewson: Tú dirás.
Winy: Hacen planes, piensan en el matrimonio.
Crewson: Estoy dispuesto a pensar lo que quieras pero eso de casarse es harina de otro costal.
Winy: ¿Por qué no?
Crewson: Ya he estado casado, muchas gracias.
Winy: Lo comprendo, fuiste muy desgraciado.
Crewson: No sólo fui desgraciado yo sino que hice desgraciada a la parte contraria.
Winy: Tal vez todo sea distinto conmigo.
Crewson: ¿Qué te hace pensar eso?
Winy: ¿Qué me hace pensar eso?
Crewson: ¡Pertenezco a las fuerzas aeronavales de los Estados Unidos! ¡No conozco el miedo, jefe!
Winy:Voy a decirte una cosa Crewson.
Crewson: ¿Sí? ¿El qué?
Winy: Encuentro muy interesante esa filosofía tuya: no pensar en el futuro, no pensar en el pasado. ¡Muy interesante!
Crewson: ¿Verdad?
Winy: Y muy infantil. Pero tú ya no eres aviador. Ahora estás a salvo y es mejor que empieces a pensar como un ser humano. Y que empieces a vivir como un ser humano.
Crewson: En otras palabras: sea como sea, lo que te importa es atraparme.
Winy: ¡¿Cómo eres tan grosero conmigo?! Hace sólo unas horas que te conozco y he tirado a la cara de mi prometido el anillo.
Crewson: Creí que estabas rompiendo ese compromiso. No sabía que intentas hacer un cambio ventajoso.
Winy: ¡¡Imbécil!!

[un teléfono suena: ring, ring]

Winy: ¿Diga?… Sí, un momento… para ti.
Crewson: Espera, ¿quién es?
Winy: ¿Quién va a ser? El teléfono 6 de Cayo Gordo.
Crewson: ¡Apaga y vámonos!
Winy: ¿Qué te ocurre Crewson? ¿Te asunta también tu exmujer?



Pero donde queda realmente retratado es en Indiscreta (1958). Donen inventa una conversación entre él y el cuñado de la pobre Ingrid Bergman que no tiene desperdicio.

Cuñado: Mira, hay una cosa que me tiene muy intrigado. No me atrevía a preguntártelo por temor a que te ofendieras.
Phillip: Entonces más vale que no lo hagas.
Cuñado: Puede más la curiosidad.
Phillip: Está bien, pregunta.
Cuñado: Como te digo, es por curiosidad… ¿por qué finges ser un hombre casado no siéndolo?
[pausa dramática]
Phillip: ¿Cómo lo sabes?
Cuñado: La información de la NATO se hace a fondo.
Phillip: ¿Piensas decírselo a Ana?
Cuñado: No tengas miedo. ¿Por quién me tomas?
Phillip: En primer lugar por su cuñado.
Cuñado: Sí pero no soy su tutor. Comprenderás que no sería una cosa honorable.
Phillip: En ese caso, permite que te explique mis razones.
Cuñado: Creo que están bastante claras.
Phillip: No, no, no, no puedes entenderlo. Ven un momento, es una cuestión muy sencilla. Pongamos el caso corriente: un hombre conoce a una mujer, se siente atraído. La asedía, simpatizan y ella le corresponde. Insinúa el deseo de casarse y él dice: “¡No! ¡El matrimonio me asusta!” ¿Podrías admirar a ese hombre?
Cuñado: No, yo no. Pero sigue, sigue…
Phillip: No me interesa el matrimonio, pero tampoco quiero prescindir de las mujeres.
Cuñado: Sí, claro, lo comprendo.
Phillip: Puesto que no tengo la menor intención de casarme, creo que lo más correcto es hacérselo saber desde el principio.
Cuñado: ¿Antes de que se enamoren?
Phillip: Sí, naturalmente, antes. Lo contrario no estaría bien. ¿Y cómo se lo hago saber? Si digo: “No me casaré nunca”, ¿qué mujer cree que eso es verdad? Al contrario, es un desafío para ellas.
Cuñado: Entonces, ¿qué haces?
Phillip: Les digo que soy casado, aunque estoy tramitando el divorcio. Queda aclarada la situación y no puede haber ningún malentendido.
Cuñado: Sí, parece razonable.
Phillip: ¡Lo es, naturalmente!
Cuñado: Creo que en la NATO han equivocado tu puesto. Tiene que haber algún fallo en tu sistema, no acabo de saber qué es pero forzosamente tiene que haberlo.
Phillip: ¿Por qué tiene que haberlo?
Cuñado: Puedes equivocarte, crees que eres una excepción y la mayoría de los hombres se casan. Phillip: Yo no se lo reprocho.
Cuñado: Por lo menos eres tolerante.
Phillip: Lo único que pido es que respeten mi independencia.
Cuñado: ¿Eres contrario al matrimonio sólo para ti?
Phillip: Enemigo feroz. Y aunque te parezca mentira, quiero a Ana. La quiero como no había querido a ninguna mujer. Pero no me casaría aunque me amenazases con una pistola.
Cuñado: Aquí no tengo pistola. Además, un cuñado no debe mezclarse en eso. No somos de la misma sangre. En fin, vamos a casa.

Y después de tanta razón masculina… ¿por qué los hombres no son fieles a sus principios? ¿Por qué siempre acaban cediendo antes incluso que sus parejas? Yo creo más bien en la máxima que dice: Si no puedes con tu enemigo, únete a él.

martes, 3 de junio de 2008

Retazos de amor, por Stanley Donen (II)

Aunque no lo parezca, Cary Grant y Suzy Parker están ligando. En Bésalas por mí (Kiss them for me, 1957) él le tira la caña y ella se deja hacer, cediendo terreno a medida que pasan las horas.



Winy: Crewson…
Crewson: ¿Qué?
Winy: Te quiero mucho.
Crewson: La única forma en que se debe querer a una persona, de otro modo no merece la pena. Yo también te quiero.

Al final, la bella joven gana la partida al consumado galán. Y el guión lo confirma antes de acabar la peli:

Crewson a Winy: “Ya no las necesito. Guárdamelas”
[Él le devuelve el par de medias que Winy le había tirado a la cara, minutos antes, en una pelea de enamorados. Y ella, toda compungida, sólo acierta a recogerlas y a ver como su amado parte.]
Mientras, un compañero de Crewson, le aclara a la triste muchacha: “Es la manera más bonita de decirle a una chica que se la quiere. ¡Palabra!”

Sólo en una cinta de Stanley Donen un par de medias pueden ser la prenda de amor más ansiada y estimada.


Y hablando de todo un poco: ¿quién es Suzy Parker? ¿alguien había oído hablar de ella? Para mí era una auténtica desconocida. Pero ahora sé que fue una supermodelo en los años 50; que trabajando en París, conoció a Coco Chanel y se convirtió en el rostro de la marca; y que gracias a la influencia del fotógrafo Richard Avedon, entró en el cine.

Tomó la alternativa en un número musical de Funny face (1957), y luego le siguieron: Kiss them for me (1957) con Cary Grant, Ten north Frederick (1958) con Gary Cooper, The best of every thing (1959) con Joan Crawford, A circle of deception (1961), The Interns, y Chamber of horrors.
Sus señas de identidad: melena rojiza, ojos verdes, largas piernas y gracia leonina.

Nació en 1932 como Cecilia Ann Renee Parker y murió en el 2003.



[Número musical “Think pink” en la película Una cara con ángel (Funny face, 1957)]

lunes, 28 de abril de 2008

Retazos de amor, por Stanley Donen (I)

Estar de baja y vegetar tres meses en el sofá, te permiten un sinfín de actividades: dormir a cualquier hora, no preocuparte de la ropa que te pondrás mañana para salir a la calle, leer convulsivamente todas las novelas de Corin Tellado, llamar por teléfono, visionar una y otra vez pelis antiguas en tu maltrecho dvd, etc., etc., etc.
De todas, yo me quedo con la última; no con el etcétera sino con las pelis antiguas y, en especial, con las comedias románticas de Stanley Donen.

¿Y por qué? ¿Qué tiene de especial que un hombre y una mujer se conozcan, se enamoren y acaben juntos en apenas hora y media de metraje? ¿Y qué tienen de especial las comedias de Donen?
A todas las preguntas, la misma respuesta: ¡los diálogos!

El amor no es algo convencional y, por lo tanto, las parejas de Donen tampoco lo son. Las guerras dialécticas que se establecen entre sus integrantes tienen mucha culpa de ello. Dosis altas de ingenio e ironía, mezcladas con gotitas mordaces, provocan a los contrincantes y hacen que la consecución del objetivo –ganarse el corazón del oponente- sea más interesante y entretenido.



Peter Joshua: ¿Es suyo este niño?
Regina Lambert: De la señora. ¿Dónde lo encontró? ¿Robando bancos?
Peter: Tirando bolas de nieve al barón Rochil.
Regina: ¡Oh, gracias!
Peter: ¿Nos conocemos?
Regina: ¿Por qué habíamos de conocernos?
Peter: No sé. Me lo ha parecido.
Regina: Conozo ya a muchísimas personas. Hasta que haya bajas no me queda lugar para nuevas amistades.
Peter: Mmm. En cuanto muera uno de sus amigos, avíseme.
Regina: ¡Cobarde!
Peter: ¿Cobarde?

Regina: Se da por vencido enseguida, ¿eh?
[Primer encuentro entre Cary Grant y Audrey Hepburn en
Charada (Charade, 1963)]

Analizando los films de Donen se puede establecer la secuencia temporal de una relación de pareja, desde sus inicios (Bésalas por mí, Charada) hasta su consolidación (Indiscreta) y posterior deterioro (Página en blanco). Sólo en Dos en la carretera están reunidas las tres etapas.

¿Cómo se inicia el juego? Todo depende del carácter de los oponentes. Las mujeres de Donen son fuertes y decididas, y tanto Audrey Hepburn en Charada, como Ingrid Bergman en Indiscreta, toman la iniciativa. El partenaire se deja tentar y recoge el guante lanzado, haciendo el papel de cazado cuando, en realidad, está engañando a la dama y consigue pillarla en su trama. En ambas películas, Cary Grant es quien dirige el juego y administra el tempo de la seducción.




Ana: ¿Le gusta el ballet?
Phillip: Sí, sí, muchísimo.
Ana: ¿Quiere ir el sábado por la noche? Estoy abonada.

[pausa dramática ]

Phillip: Soy casado miss Kalman.

[Ana ríe a carcajadas]

Phillip: Lo siento, de veras que lo siento.
Ana: No tiene importancia.
Phillip: Esta noche, cuando he llegado aquí, he dicho que no había señora Adams, y he querido decir que no estaba conmigo en Europa, no había que esperarla. Debí expresarme con más claridad.
Ana: Sí. La verdad es que se ha comportado como un hombre soltero.
Phillip: Le habré parecido algo ingenuo, por decirlo así.
Ana: Nooo, nada de eso. Ha sido expontáneo y oportuno.
Phillip: Y un poco vanidoso.
Ana: ¿Vanidoso por qué?
Phillip: Porque puede pensar que lo he dicho para que no pusiera sus ojos en mí. Una ilusión bastante tonta.
Ana: Bueno, así está tranquilo.
Phillip: Eso es.
Ana: Pero si temía eso, ¿por qué había de advertirme?
Phillip: Porque son las reglas que gobiernan las relaciones entre hombre y mujer. O deberían ser. Lo malo es que el hombre siempre lleva la peor parte.
Ana: Sí, yo también lo creo. Usted es una excepción.
Phillip: No presumo de serlo.
Ana: Pues sí, sí lo es. Hablo así por experiencia. Los hombres generalmente ocultan que son casados. Y cuando no pueden ocultarlo, dicen que son incomprendidos, o separados, o que están tramitando el divorcio. Eso es lo que más se lleva este año.
Phillip: ¿Ah sí? Bueno, eso cambia mi situación aquí moralmente.
Ana: No crea que me compromete por aceptar mi invitación. Eso no tiene importancia, podemos ir juntos al teatro. Me comprometería si pasara aquí la noche. Hice una comedia con esa situación.
Phillip: Las leyes son terminantes, aunque siempre hay soluciones.
Ana: El estilo caballeresco está muy arraigado en usted. Se lo digo como un elogio.
Phillip: Pues como elogio lo acepto.
Ana: Ha sido una entrevista muy agradable. [se dan la mano cortesmente]

Phillip: Desde luego. [pausa] Debo confesarle una cosa. He estado a punto de quebrantar las normas, y me ha costado trabajo no hacerlo.
Ana: Su concepto del honor es más fuerte que mi belleza.
Phillip: Verá, estoy separado de mi esposa y tengo en tramitación el divorcio. Es la frase que según usted está de moda este año. Pero, si no es así, ¿de qué otra forma puedo decirlo? No tengo la culpa de que se utilice demasiado, nadie la tiene registrada.
Ana: Lo sé.
Phillip: Buenas noches. Y gracias otra vez.

[Phillip sale del apartamento de Ana y ésta se queda indecisa. ¿Vale la pena arriesgarse por este hombre casado? Llama a recepción y se comunica con él a través del teléfono…]

Phillip: ¿Diga?
Ana: Las entradas para el ballet están muy solicitadas. ¿Irá conmigo?
Phillip: Nada me agradaría más.
Ana: Entonces a las seis. Buenas noches.
Phillip: Tomaré el primer avión. Buenas noches.

[Ingrid Bergman y Cary Grant en Indiscreta (Indiscreet, 1958)]