jueves, 6 de mayo de 2010

Impresiones


Tenía pinta de galán de telenovela.
Luis Alfonso, Jesús María Pablo, Benedicto Felipe… cualquiera de ellos podría haberle prestado el nombre pero sólo después de sufrir el estirón, allá por los 30 años, porque de precoz siempre tuvo bien poco.

Nadie recuerda cómo fue exactamente pero todos sabíamos del día del milagro, de aquel en el que casi todos sus anhelos se materializaron (plis, plas) en el cuarto oscuro del caserón que le servía de escondite.
Fechorías del destino, saltos mortales sobre redes inestables que te arrancan una leve sonrisa antes de morir, sin pena ni gloria, ante tu propia estampa.

Y tal que así, ocurrió.
Tumbado en el suelo, vuelto el rostro hacia el cielo infinito, le quemaron los ojos con el fogonazo de la cámara. Aún medio ciego pudo reconocerse en la instantánea que el camarada político le había robado. Pero ese fue su postrero suspiro: se desvaneció en el aire cansino de la tarde, se fue borrando ante el despiste generalizado de los que reíamos su broma,… se esfumó para siempre.

Una línea blanca graba ahora su silueta en nuestras mentes olvidadizas, una línea que recuerda el dibujo de su cuerpo impresionado sobre una triste calle.

3 comentarios:

C. Chase dijo...

No soy Boloñés. Soy de la Última Ola antes del desastre. Es una sensación extraña. Naces unos meses después y sabes que todo se habría ido a la mirda.


Los pantalones arrebujados no se mojan de agua por la sencilla razón de que no se suele tirar de la cadena con los pantalones bajados.

Manel dijo...

Una línea azul, ancha, se interpone como saludo en mi mañana. Frente a mí, el arco montañoso, verde cosquilleado por una suave brisa, rompe ese horizonte azul de mi mar. A mi espalda, dejo el valle dormido, mientras el azul de mar se eleva más allá de Collserola, confundiéndose el verde arco con la línea azul en su cresta.
Atrás quedó la noche triste del día. Sobre el asfalto, en esa callejuela anodina, queda la tiza blanca que dibujó su hermosura ayer. Una mano inherente, cierra la ventana de sus ojos, dos líneas desdibujando sus círculos azules.
Desde la azotea, observo como se aleja la furgoneta amarilla chillando su paso, tras ella, un coche de intermitentes luces en el día, es seguido por otros ojos tras las cortinas.
Las horas, no acaban de borrar esa línea blanca; la que nos recuerda su cuerpo.

Tesa dijo...

Me gusta mucho, Tara, cuando te pones surrealista y me obligas a leer dos veces para tratar de averiguar lo que oculta tu relato entre líneas.

Si no lo imagino y creo que "impresiones" es el recuerdo de alguien que paso por nuestras vidas y del que sólo queda el rastro, la huella definida de su contoprno, pero donde se desdibuja el rostro, los matices y si acaso queda la "impresión" de sus ojos antes de la despedida.

Un beso,