
Apenas unos escalones y crees estar en la gloria.
Levantas la mirada hacia lo alto y el azul te restalla en la cara, como aquellos firmamentos que los egipcios consagraban al lapislázuli más intenso.
Las pupilas, acostumbradas al color, distinguen ahora sí las puntas del templo, clavadas en esa realidad etérea en la que se ha convertido el día.
Y entonces la ves.
La escalera surge de la piedra que da sustento a todo ese artificio maravilloso.
Pero no es una sola, son decenas, están en todos los arbotantes; como una sucesión infinita en la magia de un espejo.
Y lo tienes a tocar, ya lo tienes, es tuyo, al fin.
Que el cielo sólo está ahí para ti, que tu deseo de alcanzarlo se ha hecho realidad.
Permanecí en la azotea del Duomo de Milano apenas una vida de reloj. Y como yo otros simples mortales, conmocionados por la belleza, inmersos en el silencio digital de las cámaras fotográficas.
Suspendido nuestro devenir futuro al amparo de millones de sillares, las imperturbables estatuas nos observaban riendo por dentro el asombro reflejado en nuestras caras.
Levantas la mirada hacia lo alto y el azul te restalla en la cara, como aquellos firmamentos que los egipcios consagraban al lapislázuli más intenso.
Las pupilas, acostumbradas al color, distinguen ahora sí las puntas del templo, clavadas en esa realidad etérea en la que se ha convertido el día.
Y entonces la ves.
La escalera surge de la piedra que da sustento a todo ese artificio maravilloso.
Pero no es una sola, son decenas, están en todos los arbotantes; como una sucesión infinita en la magia de un espejo.
Y lo tienes a tocar, ya lo tienes, es tuyo, al fin.
Que el cielo sólo está ahí para ti, que tu deseo de alcanzarlo se ha hecho realidad.
Permanecí en la azotea del Duomo de Milano apenas una vida de reloj. Y como yo otros simples mortales, conmocionados por la belleza, inmersos en el silencio digital de las cámaras fotográficas.
Suspendido nuestro devenir futuro al amparo de millones de sillares, las imperturbables estatuas nos observaban riendo por dentro el asombro reflejado en nuestras caras.