
Nada montada. Ahí es nada. Con una obturación de la hostia, en blanco y negro y sin trampa ni cartón. O eso es lo que Sondrina jura y perjura.
Nata montada. Otra de las maravillosas fotografías culinarias de mi no del todo bien apreciada asistenta. En esta ocasión sólo hizo falta que una servidora, armada con delantal y artilugio montador, batiera el fluido elemento hasta conseguir la textura idónea para obrar el milagro artístico.
Nata montada. ¿Podéis apreciar los hoyuelos como diminutos cráteres? A mí me recuerdan las pisadas sobre la nieve, el molde gélido que delata la presencia humana más allá de las cumbres más escarpadas.
Nata montada. Si los familiares albano-kosovares de Sondrina levantaran la cabeza lo suficiente y acertaran a descubrirla tras el objetivo, estarían conmigo en que el mundo ha perdido a una gran francotiradora porque donde pone su ojo pone…
Nata montada. La próxima vez le pediré explicaciones menos cáusticas. Quiero saber qué tiene ella en contra de los postres caseros para ir reventando mis recetas en aras del lenguaje poético no conceptual de la fotografía de autor.
Fotografía APOD: Iapetus