sábado, 21 de marzo de 2009

Acumulando circunstancias II

¿A qué se puede dedicar uno en la costa azul cuando le sobra el dinero, no tiene que madrugar y brilla un sol radiante de esplendor? Pues aunque la opción más plausible sería disfrutar de la playa todo el día como un lagarto, la pareja de jóvenes descerebrados optó por hacer acampada libre en la región altiplana de Niza porque Nicolás quería observar y estudiar a los grillos en su hábitat natural. Sondrina consiguió arrancarlo de los prismáticos dos días antes de su regreso a Barcinona, tiempo más que suficiente para arrasar con todo en las boutiques de Montecarlo y sacarse un dinerito extra en el casino la última noche.

Luego vino el archifamoso episodio de los baúles y nuestros posteriores problemas de convivencia “señora versus sirvienta” porque, sin apenas espacio, me tuve que trasladar a la cabaña de la azotea hasta que le planté un ultimátum en la puerta de casa:

“O yo, mi cocina y el gasto moderado. O Nicolás, su piso de estudiantes compartido con todo el equipo de balonmano y el lujo aparente pero sin pasarse... Tú eliges.”

Al final Sondrina ha ocupado, con sus vestidos y alhajas, el 3º 1ª de la finca hasta que alguien venga reclamando su propiedad, puede seguir trabajando para mí y ha fortalecido su relación con el vástago Marisca. ¡Todos contentos!





Pero la mariposa de Bond trajo consigo otro monzón.
La yaya Marisca, en el extranjero e incomprendido su arte tramposo al servicio de los naipes, decidió abrirse y abandonar a su suerte a los dos tortolitos.
Contrató a un armario ropero con las puertas abiertas para que le hiciera de bodyguard y se presentó en el pueblo que la vio nacer, hace incontables años, en un Hummer.
Debió ser todo un acontecimiento ver a la abuela rodeada de un clembuterólico mazizorro y de un congoleño albino (el chófer del utilitario).

Después de recibir ofrendas florales durante una semana como si de una virgen milagrosa se tratara, se fue a visitar a sus amigas de la infancia. Y esa visita, a simple vista inocente y de color de rosa, como las prótesis dentales de todas ellas, me procuró más trabajo que un cierre de mes en hacienda.

Las integrantes de la quinta de la yaya fueron capaces de ver más allá de la pantalla negra de mi portátil cuando, obligada por las circunstancias, fui coaccionada, primero, a viajar a Peñasquete, fantambuloso pueblo donde los haya; y, segundo, hacer unas clases prácticas de informática para estrenar el wifi que los euros marisca subvencionaron a fondo perdido.
Era un primor contemplar a las chicas de oro arreglarse el pañuelito de la cabeza y sacudirse el mandil antes de colocarse ante el ordenador, orientadas hacia el este y mirando de tú a tú a la gran antena instalada en el campanario de la iglesia, justo al lado del nido de las cigüeñas.


De izquierda a derecha: Juana, Narcisa, Gregoria y Casiana


Esta instantánea decora el fondo de pantalla del portátil de la yaya Marisca. No pasa hora que no se emocione al verla y cada día se conecta un rato al messenger para echar unas risas cibernéticas con sus amigas.
Por cierto, la fiebre Internet se está contagiando a las aldeas cercanas y está previsto que el holding marisqueño también patrocine la colocación de más antenas y repetidores por otros campanarios huérfanos de ondas electromagnéticas.

Más aún. Me parece que el gestor de la fortuna montenegrina (¿os dice algo el nombre de Nicolás?) está pensando en crear unas becas de investigación en el campo de la ingeniería zoológica para aunar la ciencia de los grillos hispánicos con el desarrollo de las telecomunicaciones sin hilos en regiones alejadas del camino de Santiago.
¡Todo un reto, sí señor!


The end

11 comentarios:

Tara dijo...

último episodio, por el momento, de mis cuitas con los Marisca...

lo de "por el momento" no es una amenaza, sólo una realista evidencia: se están perjeñando novedades en esta máquina incesante de creatividad...

a divertirse!!

Pablo dijo...

me he divertido
espero que esto no se pare aqui y siga acumulando circustancias

karmeta dijo...

Yo conozco a algunas que también se irán de aquí un tiempo a la costa azul a celebrar algo importante. ¿Verdad, Tara?

Jazziturno dijo...

Tengo una amiga al lado, y no para de mirar el culo de la foto. Espero que no intente compararlo con el mío...

¡Un beso Tara! Hace mucho.

:)

Tara dijo...

Pablo, seguro que se irán acumulando circunstancias... pues no faltaba más!!!

Kerida K, espero con ansia nuestra merecida escapada a la costa azul... no será lo mismo después de las estancia de las moennas!!!

Jazziturno, qué alegría releerte!!!
y espero no haber creado un conflicto de intereses entre tú y tu amiga...
la suerte que tiene mi asistenta con un novio tan majo, con un culo tan... majo también!!

C. Chase dijo...

Sí, sí, claro que sobró.
Y ya he vivido más aventuras en el Corte Inglés... pero eso es otra historia.

Tranquila, aún nos queda Capitalismo para otros pocos años.

Hasta que el sistema económico haga plof.


Aisss, la primavera.

Jazziturno dijo...

Jajajaja, no te preocupes, no creaste nada que no sea buena :) De hecho le encantó tu blog, y aunque ella no tiene ninguno dice que lo visitará alguna vez :) ¡Gracias por la alegrarte! :P

Muchos muchos besos.

MF dijo...

Me ha encantado el vestido de Mis Murcia de Sondrina y... el culo, claro.
Respecto al relato sólo te diré una cosita: "¡ESTAS MÁS P'ALLA QUE YO!"
Nos vemos en la Costa Azul.

Besotes.

Nicolás dijo...

Querida Tara,
por alusiones a una parte de mi anatomía...

resulta que mi culo, mencionado reiteradamente en algunos comentarios, es obra y gracia de mi cándida madre, miembro fértil y procreador de la familia Marisca; pero la genética sin ejercicio, no hace milagros.

Tara, espero verte pronto!!

karmeta dijo...

Viva la genética, Nicolás (y tu espléndido trasero).

Tesa dijo...

La primera foto ha captado mi atención desde el primer momento, el culo lo tiene así de buscar y observar grillos, eso para los músculos traseros es mano de santo, que diría mi abuela.

Me da que estos Mariscas son un material literario de primera y...¿un problema?

He pasado un buen rato, Tara.

Besos y que disfrutes de tu viaje.