domingo, 13 de diciembre de 2009

Celdas

A los pocos días de destaparse todo, la Jove (una insigne conciudadana de la meseta igualadina) me escribió un correo electrónico porque se dio cuenta de mi vinculación en toda esta trama de intereses urbanísticos.
Santa Kemola, Valencia, Madrid,… incluso Igualada, pasando por la isla de Jersey.
Contactos y más contactos que se unían, a distancia, gracias a cm3 de cemento, tochos y mucho dinero.



El proyecto Cubics, sucesor de una residencia para la tercera edad. Para los nostálgicos, el 3 ha quedado sólo en el número de cubos a contemplar desde todos los rincones del panorama kemolense.


Santa Kemola, gracias a “su panal de rica miel” (el proyecto Cubics) y a nuestro exfantástico-yNObienPonderado-alcalde-man/guante, ha interesado al super-ocupado-juez-Garzón y ha dado la vuelta al mundo de la sinvergüencería más postmoderna.
Arquitectónicamente hablando, los romanos de Mussolini fueron los primeros en acometer la repetición sistemática de arcadas para sintetizar los espacios.
En mi pueblo, reinterpretando los esquemas coloristas de De Chirico, triplicamos los esfuerzos a base de metros y metros de cuadrados cegadores, desafiando a los cielos en alturas disonantes.


Palazzo della Civiltà del Lavoro (Roma), majestuoso en su simplicidad aparente y donde el sol irradia de una forma diferente, como no queriendo hacer sombra a la obra del duce.


Las comparaciones son odiosas. La estética poética de la obra fascista, encaramada teatralmente en una loma, renace en su influjo ante el amasijo de hormigón armado desplegado en Santa Kemola.
¿La cuadrícula inhumana es el nuevo paradigma para la vida urbana?
Y sin tener demasiado claro una respuesta convincente, me doy de morros con la cruda realidad en Bilbo.
Una mujer perdida en un mar de ojos de buey. Inmensidad gris en la que su figura se disuelve sin necesidad de remover con la cuchara tan anodina fachada.
Cuando las celdas de Cubics esten operativas se podrá ver a las gentes pegar su nariz y sus manos en los ventanales como peces sin aire en una pecera gigante.


Mañana de domingo, 10 y escasos minutos. Somos pocos los que transitamos el lateral de la ría, yo camino del Guggenheim; los otros, dios sabe. Y esta mujer, desorientada en tan temprana hora, que sale a pedir azúcar para su café descafeinado al vecino del segundo C, en bata pero sin rulos.


Y algunas voces de mi querida ciudad, sin afonía matadora aparente, han llegado a solicitar de forma seria y cabal el derrumbe de los tres pilares, alegando que van en contra de la voluntad del donante del terreno.
Pero, en mi modesta opinión…
Ahora que dicha parcela se ha vendido y subvendido más veces que las permitidas por el decoro legal y judicial de este nuestro país; ahora que el dinero se ha dilapidado en contratar mano de obra subcontratada, comisiones, estructuras prefabricadas, grúas, andamios, pintura blanca…
¿Ahora vamos a tirar abajo la obra?

3 comentarios:

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

yyyy, no se que decirte, que será lo mejor? dejar todo igual? yo voto por el cambio...

ShaO dijo...

Las ciudades son ya lo bastante complicadas de por sí para vivirlas (hablo de fauna) pero si añadimos entuertos de la auto-flora.... Una avenida de besotes

ains,que me iba sin un feliz navidad! ; )

MF dijo...

Cuando no se puede crecer a lo ancho... pues se hace a lo alto. Aunque es cierto que parece más propio para abejas que para personas. Aún así espero que el trabajo hecho sirva de algo y no lo tiren abajo. Besotes.