sábado, 16 de enero de 2010

Cometas a la fuga


A Bandah regresé de joven cuando todavía era capaz de ruborizarme, y no creía yo que aquello fuera a curtirme menos que las guerras de cien años que solíamos festejar día y noche.
Siempre es bueno tejer amistades para toda la vida sin más obligación que el saludo cortés al cruzarse una tarde de mayo por el malecón.
Pero nada dura eternamente, ya lo decían los astros, y en Bandah era fácil morir sin sentir el apremio de una confesión a la luz de la vela que aguarda nuestro reposo.
Unos pies grabados en la arena sosegada del recuerdo, cuando las olas rompientes esquivan su silueta… no fueran a marcharse los granillos por entre los dedos como en un desagüe de la imaginación.

El paisaje de la ciudad pasaría del verde al ocre en apenas unos decenios pero de eso nadie se haría responsable en el final de sus horas. Sólo la sonrisa de una doncella enamorada o el crepitar de unos besos robados al sueño podrían confirmar la evidencia de su destino.
Que las oportunidades pasan, vendaval arriba, vendaval abajo, como las hojas secas que arrastra el otoño mientras la tarta de castañas sube en el horno de la vida,… y que a veces la tonada de una vieja canción nos hace resucitar del sopor más absoluto sin pedirnos cuentas, sólo por el gusto de chispearnos en los ojos cargados de fugacidad.

¡Palabra de rey cometa!

Fotografía: Trazos de estrellas

2 comentarios:

verdial dijo...

Así es. El tren pasa rápido y apenas nos da tiempo a tomarlo dos veces. Si lo pierdes te quedas en tierra.
Gracias a esa canción cantada por una vieja podamos retomar ese tren y volver de nuevo al espacio de antaño.

Un abrazo

C. Chase dijo...

En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver,

que decía Sabina. Aunque ahora colabore con Pereza.



Bonito texto.

¿Sólo 19? Me encanta que me hagan esa pregunta. Me hace creer que soy la polla y supermaduro.