lunes, 11 de abril de 2011

Oxígeno en sangre

La doctora, muy seria ella, mira a mi padre y luego, en el mismo plano corto, a mí.
Y como queriendo que yo le apruebe la decisión, suelta:
¿Tu padre ya aguantará allá metido dos horas?
Pero ya es demasiado tarde, la solicitud está echada…



Así empieza la película.
Una nueva superproducción donde un grupo de enfermos entraditos en años pasan más horas que un reloj encerrados en una cámara hiperbárica mientras visionan programas de cocina.
Su título, aunque todavía es provisional: 20.000 leguas de viaje en tierra firme.
Y ya han diseñado el cartel, un poco a lo Julio Verne, con un paisaje abisal y dos submarinistas reciclados de los años 50.


Yo no tengo muy claro su éxito comercial pero los protagonistas están encantados con el proyecto. Además el equipo de rodaje, con su director a la cabeza, todos vestiditos de blanco para no desentonar demasiado con el ambiente de trabajo, es tan profesional y tan buena gente que su optimismo se contagia.
Y así están los actores, deseando que sean las 12 del mediodía para ponerse en su papel y pasar a la acción.
Mi padre está en su salsa porque, como dice el dicho catalán, qui no té un all, té una ceba. O lo que viene a ser lo mismo: quien no sufre parálisis permanente, lo hace por hemorragias rectales, o por estigmas cutáneos. Pero forman un gran equipo, con bata y peúcos reglamentarios en azul y casco homologado transparente.


Mientras él se dopa de oxígeno y se arma un lío con los tubos, la botellita de agua para el refrigerio y los sofritos del Arguiñano, yo le doy a la lectura, o paseo por el hospital pasillo arriba pasillo abajo para curarme de las inclemencias anticrisis del aire acondicionado que llevan practicando dos meses a todo gas.
También me dejo diariamente una pasta en parking, comida y gasolina. Y practico mis dotes sociópatas dando conversa a todos los yayos que esperan una ambulancia o se hacen la picha un lío con las bandejas del selfservice, los cubiertos, los platos del menú y las bebidas refrescantes.
Y aunque lo ideal sería pescar de una vez por todas un médico en condiciones por aquello del que la sigue, la consigue, no hay manera; los milagros me son esquivos.


Pero, ¿qué más da?
Si mi padre se lo pasa bien, yo… también.

5 comentarios:

Tara dijo...

dedicado con especial afecto a todos los médicos, enfermeras, camaristas y administrativas que trabajan en el servicio de la cámara hiperbárica

porque sin sus atenciones y dedicación estas sesiones diarias serían mucho más aburridas y desagradables

palabra de chofer oficial de Mariano!!!

German Buch dijo...

Solo hay una salida de un callejón sin salida; la decisión tomada.
Y claro que aguantará.-Respondes con tu mirada el recorrido de los ojos de la doctora en ese plano corto que encuadró a padre e hija.

-Será un viaje a las estrellas.- Dejas oír tu voz en ese espacio cósmico, flotante, de película, entre el ventanal de luz y la esperanza risueña que sujetan tus manos.
Tu padre sonríe, con esa sonrisa cómplice del saberse protagonista de la acción. La lucha contra el mal la conoce, reconociendo su grado de capitán de la nave.
Enfundado en su escafandra particular, el Capitán Kirk recorre los paisajes abruptos ya conocidos por encima de esa presión atmosférica.
Encerrado en ese habitáculo, se desata el enigma del volver a la atmósfera y quienes se quedaran en ese espacio sideral más allá de las 20.000 lenguas conocidas.
Mientras nuestro Lloyd Bridges, al mando de su Enterprise, sin ciencia ficción, en busca de ese arca perdida.

Mientras la nave despedía su uniforme multicolor, la chica de melena azabache, hiperactiva, paseaba su palmito por los laberínticos pasillos desnudos de objetos con el único o, segundo objetivo de cerciorarse que los fantasmas no visten de blanco, como los doctores invisibles a su paso.

Enfundada sin escafandra en sus pensamientos, recostada en esa silla rayada de luz, apoyó en su regazo el libro en lectura de Elizabeth Janeway, “Entre el amor y el pecado”.

El amor en la felicidad de su padre. El pecado quedó confinado en su corazón.

Ramón Arbe dijo...

Dos horas es poco, esa sonrisa aguanta mucho más.

¿En que Hiper dices que se puede comprar esa sonrisa?

Se parece mucho a la sonrisa de Kirk Douglas, saltando entre caballitos y estrellas de mar.
Una sonrisa mantenida en la certeza, que arriba, en la superficie, le espera el barco, que siempre la lleva a buen puerto, el que vela por ese aire que le da vida, mientras paciente espera.

La nave que alimenta esa sonrisa.

Con su pasión, con ciudades de reyes, con goteras…
…pequeñas cosas que al cabo, tienen alguna espina, y a veces, se guardan en un papel.

Esta bien invertido tu tiempo…tu gasolina…

Por eso salen así tus letras,
a veces con desparrame cerebral,
siempre con sentimiento,
en tu otro tiempo…

En tu Atalaya.

Vagabundo de la Red dijo...

Cuando todavía tenía paraguas,
durante una tormenta,
dando cobijo a un transeúnte.

Este me dijo:

"La vida son solo momentos"

Cuando acabó al frase,
nos cayo un rayo.

Hoy, ya sin paraguas, aqui,
he vuelto a compartir un momento,
no se si de felicidad,
o de eternidad.

Pero se que es un momento que recordare, aunque haya perdido hace tiempo el paraguas.

Tesa dijo...

Un relato delicioso, Tara, y no lo digo por los programas que visionan dentro de la cámara hiperbárica, sino por el surrealismo tierno y el humor con que lo cuentas.

Creo que vería esta peli.

Un beso,