sábado, 6 de agosto de 2011

Cerillas


Sondrina sigue en sus trece.
Ha preparado mi secuestro para la segunda quincena de agosto.
Yo ya le he dicho que para esas fechas tengo mis planes (el primer Barça – Madrid de la temporada, el inicio de la liga, la supercopa de Europa,…) pero se hace la desentendida.
O simplemente es que no la entiendo de nada y todo es una confabulación de las mías, como pasa ahora mismo con las cerillas.


Que dónde están.
Qué no sé de qué me hablas.
Que sí, mujer, la caja de bastoncillos de madera que arden y se queman para regocijo de los dioses cuando encendemos el fuego purificador en los fogones.
Mi no saber.
Sí, claro, no me extraña. ¿Cuánto hace que no cocinas, guapa?
Me artist, me artist.
Que sí, que sí, ángela-maría, qué galletón te estás ganando rica.
Y así in eternum.


Suerte que Nicolás, su novio, se ha echado al tabaco de liar y le substraigo el mechero en un plisplasito. Luego le amenazo con delatar el paradero de Sondrina a sus familiares y él, en tono “molto facile e divertente” nos prepara una paella de marisco que está para olvidarse de las penas y de los antiácidos con sabor a limón.








Fotografía APOD: Prometeo

3 comentarios:

Ramón Arbe dijo...

Que envidía, me das.
(con la paella de marisco por supuesto).

Si Sondrina quiere las cerillas,
yo le dejaría que las coja.
Pero que vuelva a dejar la Luna en el cielo como estaba.
Y si no, que lo haga su Nicolás.

German Buch dijo...

Entre las cuatro paredes, sin rejas, pintadas de armonía, habitaba la esperanza de la libertad.
Un viejo camastro, un ventanuco celeste mirando la Luna, un sillón para dos y una mesita donde reposar las gafas y el libro de la vida, eran los objetos pasivos que acompañaba a la pasibilidad en movimiento de imágenes al televisor plano.
Al poco, reaparece Sondrina detrás de la llama que ofrece la cerilla entre sus dedos.
Las imágenes pasan en color azulgrana.

Es ahora, pasados noventa minutos, cuando los dioses caídos arden en la pira blanca a regocijo de los dioses vestidos de negro en su fundación. El fuego, purificador, salta en ristras artificiales como galletas planetarias entre fogonazos de la vida.
Al fin y al cabo, que es un secuestro de 14 días acompañada por Sondrina.
Al fin y al cabo tienes las cerillas que alumbran la imagen de la victoria.
Al fin y al cabo, se que estás ahí, entre las cuatro paredes, a la espera que llegue la noche para huir, colgada en la punta de la Luna.

Su amante, como cada noche en sus días, espera el eco que no llega. ¿Será que está liada buscando el azafrán para la paella? O, ¿será que olvidó el camino tomado en un principio como amada y necesita esas cerillas que alumbren su regreso?
Ella, tras tantos días en blanco para él, su amante, decidirá si debe de olvidarse de él por la pena del mal llegado en mala pata o sigue limando limones.
Opta por limar limones, alimentándose de su vitamina C .
Sí; necesita esa vitamina como agua de sus mayos sin desmayos, en espera de nuevas primaveras, si las hubiere, como las propias cerillas que dispone la luz de los días.

Cordura dijo...

Προμηθεύς

Un rey ha viajado, buscando al Titán que robo el fuego a los dioses, huyendo de voluptuosos códigos de barras marcianos, de rastros desperdigados en desiertos de palabras, de relojes sin colores, de cicutas dibujadas.

Un reino ha viajado, rompiendo cadenas, lejos de los mortales, buscando que por fin, le escuchen las perseidas.

Hoy hay luna llena, esta cerca, me llama su marea...

Aquí, tendido en su arena.