lunes, 12 de septiembre de 2011

La noche


“Amo la noche con pasión. La amo, como uno ama a su país o a su amante, con un amor instintivo, profundo, invencible. La amo con todos mis sentidos, con mis ojos que la ven, con mi olfato que la respira, con mis oídos, que escuchan su silencio, con toda mi carne que las tinieblas acarician. Las alondras cantan al sol, en el aire azul, en el aire caliente, en el aire ligero de la mañana clara. El búho huye en la noche, sombra negra que atraviesa el espacio negro, y alegre, embriagado por la negra inmensidad, lanza su grito vibrante y siniestro.
El día me cansa y me aburre. Es brutal y ruidoso. Me levanto con esfuerzo, me visto con desidia y salgo con pesar, y cada paso, cada movimiento, cada gesto, cada palabra, cada pensamiento me fatiga como si levantara una enorme carga.
Pero cuando el sol desciende, una confusa alegría invade todo mi cuerpo. Me despierto, me animo. A medida que crece la sombra me siento distinto, más joven, más fuerte, más activo, más feliz. La veo espesarse, dulce sombra caída del cielo: ahoga la ciudad como una inaprensible e impenetrable, oculta, borra, destruye los colores, las formas; oprime las casas, los seres, los monumentos, con su tacto imperceptible.
Entonces tengo ganas de gritar de placer como las lechuzas, de correr por los tejados como los gatos, y un impetuoso deseo de amar se enciende en mis venas.
Salgo, unas veces camino por los barrios ensombrecidos, y otras por los bosques cercanos a París donde oigo rondar a mis hermanas las fieras y a mis hermanos, los cazadores furtivos.
Aquello que se ama con violencia acaba siempre por matarle a uno.”
[…]
“Mientras bajaba por los bulevares, miraba sobre mi cabeza el río negro y lleno de estrellas recortado en el cielo por los tejados de la calle, que se curvaba y ondeaba como un auténtico torrente, un caudal rodante de astros.
Todo se veía claro en el aire ligero, desde los planetas hasta las farolas de gas. Brillaban tantas luces allá arriba y en la ciudad que las tinieblas parecían iluminarse. Las noches claras son más alegres que los días de sol espléndido.”
[…]
“Y las bombillas eléctricas, semejantes a lunas destelleantes y pálidas, a huevos de luna caídos del cielo, a perlas monstruosas, vivas, hacían palidecer bajo su claridad nacarada, misteriosa y real, los hilos de gas, del feo y sucio gas, y las guirnaldas de cristales coloreados.”


Guy de Maupassant. La noche

(En Italo Calvino. Cuentos fantásticos del XIX (vol. II). 4ª ed. Madrid: Siruela, 2000. 311 pág.)

5 comentarios:

Igor dijo...

No conocía esta faceta de Calvino, de recopilador. Muuuy interesante.
Esta cita del señor Maupassant es maravillosa. Qué decir.
Saludos.

Anne Fatosme dijo...

Maravillosa descripción de la noche. Tengo que volver a leer a Maupassant. Gracias por el grato momento de lectura.
un saludo,

German Buch dijo...

….No soy la misma; todo esto me produce una extraña impresión. Además, nunca me hallará usted igual dos días seguidos. Hoy le pareceré una loca, y mañana, una elegía. Cambio como el tiempo, ignoro por qué. Soy capaz de todo, según las ocasiones. Algunas veces, me dan ganas de matar, y mataría hombres; animales, nunca, ¡pobrecillos¡ Y otras veces lloro por nada; todo me conmueve. Cruzan mi cerebro ideas muy distintas. Del humor que tengo al despertarme depende todo. Tal vez son los ensueños de la noche que influyen para todo el día en mí; tal vez mis lecturas, lo último que leí me impresiona de cierto modo, según sea…..

(Relatos. Guy de Maupassant)

verdial dijo...

Que hermoso texto sobre la noche, no lo conocía. Yo también tengo que retomar de nuevo a Maupassant.

Un abrazo

Tesa dijo...

Me apunto el libro, Tara, tiene una pinta estupenda.

Aunque a mí más que la noche, me gustan los amaneceres que me estimulan y me cargan de energía y los atardeceres que me ponen perezosa y mimosa como una gata.

Besos,