sábado, 12 de noviembre de 2011

El rayo


Como caballo salvaje,
saltando de nube en nube,
corre inquieto, baja y sube
sin rienda ni vasallaje;
tenido fue por mensaje
de celestiales enojos,
pues, lanzando dardos rojos,
el alto muro derrumba,
y abre inesperada tumba
a polvorientos despojos.


Caudillo de la tormenta
que agita los hondos mares,
tronza robles seculares
y al fuego voraz afrenta:
¿quién tomará por su cuenta
domeñar su furia brava?
¿Quién del torrente de lava
pondrá dique a la carrera?
El hombre, el hombre a la fiera
convierte en dócil esclava.



El poema, escrito a finales del s. XIX por Melcior de Palau, es mucho más largo, y lo podéis encontrar aquí.


Pero sus dos primeras estrofas me sirven para saludar a IRENE e IMANOL, dos destellos de ese fulgor que permanecen fijos en el firmamento de un amigo al que me unen varios folios emborronados, un rey iluminado, y esa cocina por donde amanecen miles de ideas.


Cartero, cuerdo y vagabundo… va por ti!!!

2 comentarios:

Tesa dijo...

Mi madre fue la primera que me dijo aquello de "qué rarita eres, hija"....

... y entre mis rarezas está mi fascinación por las tormentas.

Eso sí, a cubierto, con un gran ventanal, de fondo el aria de Madame Butterfly, una copa de vino, y ya la guinda, una excitante compañía.

Así que me encantaría que algún amigo me dedicara unos versos como estos.

Un beso,

Ramón Arbe dijo...

Me emocione, se me saltaron las lagrimas,
leyendo...

En realidad llore.
Llore con necesidad, con todo yo.
El rayo se convirtió en torrente de sentimientos,
de vida que deja paso a la vida,
de culpa por perder alegrías.
de esperanza...
otra vez esmeralda.

Ningún amigo, podría esperar nunca,
que piensen tanto en el como tu.

Solo puedo decirte Tara,
que en mi tiempo estas,
en mi pensamiento navegas,
y aprovechando los versos de Melchor,
(nombre de Rey), te dedico estos cuatro.

Rayo que hiendes las olas,
pase tu chispa que inspira
por las cuerdas de mi lira,
y vibrarán por sí solas.