sábado, 18 de abril de 2009

Gracias romanas


Después de terremotos, replicas y demás temblores se hace muy raro no perder la cabeza. El problema viene luego, al intentar recuperarla, aunque sólo sea como vulgar souvenir; porque en esta ciudad gustan de disponer por el suelo, sin orden ni concierto, restos petrográficos de un pasado imperial, como si un dios caprichoso y totalmente pagano se jugara el sueldo a los dados con los bufones del reino celestial.


Pero después de tamaño esfuerzo, nos merecemos una recompensa. Y qué mejor que recrear los sentidos lamiendo y relamiendo un helado con sabor a macarrones boloñesa, sin dejar de contemplar el Tevere desde uno de los puentes que enlazan la isla Tiberina con la orilla… Mamma mia!!!


Después de lo cual ya tenemos el cerebro preparado para bombardeos masivos de CIVITAS ROMANA. Foro trajano, pirámides y obeliscos egipcios; restos medievales adosados en simbiosis perfecta con el teatro de Marcelo. Vaticano custodiado por el castillo de Sant’Angello, enfrentado al rosario de pequeñas iglesias, capillas y panteones que sobreviven en la urbe. Inmaculada piedra blanca para una columnata en honor a Vittorio Emanuele II. El duce montando a caballo en un mural de la E42.


Y entre tanta obra vandálica, las cajas de las cabinas telefónicas aparecen como auténticos icebergs abandonados; supervivientes imaginarios de una hipotética explosión nuclear. Vegetación salvaje que se resiste a morir del todo y que anima coloreando el anodino gris olivetti. No busques monedas, los humanos, antes de extinguirse, se habían pasado a los móviles.



Pitas, pitas, pitas, pitas… Cuidado porque, a veces, y por el mismo precio, se te pueden aparecer pajarracos con sotana o alzacuellos. Y todo sobre el empedrado romano más recalcitrante.


Aunque, en ocasiones, los milagros, sin explicación racional convincente, te echan una mano y decoran, aunque no quieras, con trepadora jardinera los fríos más congelados que te puedas imaginar. Los que viven en este vergel de Groenlandia no son como nosotros, cargan una cruz en la espalda para recordarte hasta el infinito que son una minoría privilegiada.


Y por la noche, después de rendir pleitesía a la fontana de Trevi, junto con un millón de súbditos más; y perdido el rumbo entre callejuelas que descienden del Quirinale para desahogo de unas piernas ya destrozadas de tanto trote, el Japón aparece doblando una esquina, materializado en exquisito ukiyo-e.




¡¡Y todo vuelve a empezar!!

2 comentarios:

Jazziturno dijo...

"Como somos unos palomos y somos muuuy chiquititos/nos gusta ver a las pibas sentaítas en los banquitoss/algunas no llevan bragas y les vemos el..."

Bueno eso, que al ver una de las fotografías me entró la vena carnavalera; ¡y de Ruína Romana también me sé alguna! :P

Muacks

Tesa dijo...

Muy original la elección de tus postales romanas.

Ni te cuento como fue mi visita, coincidiendo, sin saberlo, con la canonización del curita ese del Opus, qué horror. Autocares de beatos con familias de seis hijos como mínimo desparramándose por la ciudad a golpe de rosario y estampita.

Pero nos alojamos en un hotel desde el que se veía la Tarta de Enmanuelle, la columna de Trajano y a dos pasos de todo el meollo.

Por lo que después de reventarnos a caminatas de día viendo lo que dejan tirado los romanos entre gato y gato, depués de ducharnos y descansar del polvo de la urbe, paseábamos la noche, rito de Fontana incluido, of corse.

El detalle de la cabina asilvestrada, me ha encantado.

Besos, Tara.