domingo, 12 de abril de 2009

Tiembla Roma

Yo no tuve nada que ver.
Lo juro.






Duermo, pero me despierto de golpe.
La cama se mece obstinadamente y estoy a punto de marearme.
No entiendo nada pero no enciendo la luz de la habitación. Espero los gritos orgásmicos de mis vecinos y no se producen, el silencio es aterrador.
¿Tendré los oídos taponados?

Por fin le doy al interruptor y miro la hora en el móvil. Las 3.40.
Lo vuelvo a dejar sobre la mesita de noche y, al incorporarme en la cama, veo que todo a mi alrededor se balancea.
Se balancean las dos camas, el pijama rojo comprado de rebajas, el armario vacío, la tele colgada de la pared, las cortinas, la lámpara suspendida del techo,… hasta la puerta del lavabo.
Y el silencio se acompasa con los crujidos de los muebles, se diría que no están acostumbrados a estos bailes intempestivos.

No puede ser un polvo salvaje. Parece, más bien, un terremoto… un terremoto…

Seguimos en este danzar infinito un minuto más, aunque puede que fuera menos.
En el hotel todo parece tranquilo, quizás estemos esperando la señal inequívoca de que sería mejor salir corriendo. Pero nada pasa, menos el vaivén.

Me pican los ojos y la imagen se me hace ya demasiado repetitiva. Apago la luz y me tumbo. Deseo que pare pronto.
Poco a poco, el movimiento se lentifica hasta desaparecer por completo.
Ahora sí que no se oye nada, ni los crujidos.

No acabo de creerme la posibilidad de un terremoto en Roma.
Cuando recupero el sueño, me imagino trenes militares viajando por el subsuelo, custodiados por aguerridos agentes secretos.



El lunes me levanto temprano para ver la pirámide, el cementerio acatólico, el circo massimo, la boca de la verdad, la máquina de escribir, la piazza Navona…
Y cuando llamo a casa para contárselo a mi madre, ella me dice lo del terremoto de Aquila, a 80 km de Roma.

Sólo entonces me doy cuenta de la gravedad de los temblores.
Sólo entonces lo entiendo todo.

7 comentarios:

Martina Garea dijo...

Ahora más que nunca, Tara.

Liter@to dijo...

¿Porqué será que hasta que no pasan las cosas no tomamos la importancia de ellas que siempre deberíamos tomar?

El otro día escuché en un noticiero, acá en Argentina, que un científico italiano había pronosticado el terremoto. Con sus estudios y análisis había calculado que un terremoto era muy probable que se produjera cerca de Roma, pero nadie lo escuchó, al contrario, lo denunciaron y hasta lo querían meter preso por producir pánico en la sociedad.

Pasó.
Tembló.
Murieron personas.

¿Y ahora que le dicen al científico loco?

Hay veces que somos tan idiotas.

Un gusto pasar por tú blog. Me gusta.

Saludos.

ALOMA69 dijo...

Tremenda experiencia. ¿Pudiste continuar tu visita cómo si nada?

Abrazo!

Pablo dijo...

joder que miedo
mi hermano se volvió ese mismo día, ya no tenia fuerza de nada

Tara dijo...

yo sólo conocía los terremotos por la tele y quizás por eso mi primera reacción ante el gran temblor fue de practicamente total indiferencia... yo lo que quería era seguir durmiendo, y que la habitación parara de moverse!!!


la réplica del martes por la tarde, de casi idéntica intensidad que el primer temblor, ya fue otra historia: estaba en la habitación descansando y en cuanto todo volvió a sufrir el baile de san vito (yo incluida), tuve muy claro que había que salir pitando, que de la primera una se escapa pero quizás de una segunda, a lo mejor, no.... pero cuando salía por la puerta, dejando atrás 20k de maleta, todo se paró en seco.

pero lo que más me impresionó, en ambas ocaciones, fue el silencio sepulcral bajo el cual todo se mecía. era como saber que, después de hundidos, sólo quedaría para siempre ese inmenso silencio... acojonante!!!

Meryone dijo...

estabas en roma cuando el terremoto de l'aquila?

la hostia!!

yo tengo un amigo en siena, pero todavía no me he comunicado con él. no sé si se habrá sentido mucho

besos

Tesa dijo...

Qué acojone!, Tara.

Como soy fatalista no me asusta tanto el final como la manera de llegar a él.

Si tengo que morir, me muero, pero quedarme atrapada, rota, desquiciada o sufrir, eso sí me da mucho miedo.

Nos estamos olvidando que la naturaleza tiene sus propias leyes, por mucho que pensemos que la dominamos.

Un recuerdo para los que perdieron a sus seres queridos en L´aquila. Qué doloroso.

Besos, Tara