sábado, 9 de mayo de 2009

Vida amorosa


"… y decidí que me limitaría a entrar sin decir nada, que me dirigiría al dormitorio, cogería el libro y saldría, sin siquiera mirarlo, aunque cuando me encontré en el portal oscuro noté que los ojos me dolían de puro deseo de verlo, y al abrir él la puerta, el cuerpo me dolía de puro amor hacia él, amor, compasión, pena y añoranza de él, pero no dije nada, me apresuré hacia el dormitorio, y liberando el libro de entre las mantas, lo abracé acunándolo en mis brazos. Él me había seguido, parsimonioso y ofuscado, quedándose a la puerta del dormitorio, y el aire era cortante, y cuando intenté pasar, él alargó la mano con una lentitud tal que vi cómo el movimiento avanzaba hacia mí, y me acarició la cara, y como vi que tenía la mano vendada, le dije te amo, sé que no está bien, pero te amo, y él empezó a desnudarme con delicadeza mientras me decía sí está bien, sí está bien, y hasta logró dominarse y no preguntarme, como era su costumbre, por qué, así que le dije no era mi intención herirte, y él entonces dijo está bien, ya lo sé, y en un instante lo noté envolviéndome, por dentro y por fuera, cálido y pleno, y sentí la palabra felicidad, eso era la felicidad, como el encuentro con alguien que había creído no volver a ver, que creía muerto, era una felicidad como la de conseguir corregir el pasado, como curar a un enfermo desahuciado, como reconciliar a unos padres separados, ésa era la felicidad que sentía, aunque aquello era imposible, supe que no era real, pero aun así no podía renunciar a aquella dulzura, y todo el tiempo me decía a mí misma el mundo está muerto y yo soy feliz, el mundo está muerto y yo soy feliz, y hubo momentos en los que las palabras me daban vueltas en la boca y decía muerta yo, que el mundo sea feliz, muerta yo, que el mundo sea feliz, y la verdad es que todo me parecía lo mismo, y también yo daba vueltas entre sus manos mientras no dejaba de pensar qué suerte, habría podido pasarme toda la vida sin sentir esto, sin disfrutarlo, porque ésta sí que es mi verdadera luna de miel, no habrá otra, nunca volveré a tener otra, y aunque sólo llegue a durar unas pocas horas, habrá merecido la pena. "


Tsruyá Shalev. Vida amorosa. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2001. 348 pág.

3 comentarios:

Meryone dijo...

qué bueno lo de sentir la palabra felicidad

besos

Tesa dijo...

La verdad es que no he leído nada de esta escritora, aunque había oído hablar de ella. Pero este fragmento que has puesto ya me ha hecho ponerla en mi lista de posibles a hojear.

Tiene un manera de manejar la prosa poética y nada cursi ni empalagosa ni vulgar, aunque hable de sexo o de amor. Algo que con los tiempos que corren hay que valorar.

Muy interesante, Tara, me lo apunto.

Besos,

C. Chase dijo...

Tara, ¿por qué te gusta tanto llevarme la contraria con tus comentarios?