sábado, 15 de enero de 2011

Desastres naturales

En nuestra última reunión de tuper sex, Sondrina y Frangelico me incitaron a explicar lo que sigue.




Septiembre último. Festividad de la Merche. Tres días de fiesta.
Organizo las horas de canguro para asegurarme un fin de semana perfecto pero…

El viernes quedo con MAX [Macho Alfa “mucho-ruido-y-pocas-nueces” eXtrem] para cenar.
Por la mañana había estado cocinando mis platos estrella (sopa de boniato y calamares al curry): quería tener el trabajo hecho por si, al día siguiente, comíamos también juntos.
¡Qué nervios! Hacía tiempo que no me sentía tan excitada ante una cita.


Después de hacer de Simone Ortega por unas horas, me ducho y me arreglo (porque una empieza a tener una edad y las curvas fuera de sitio son casi mayoría).
Lencería a juego, laster azul brillante y casaca retro semitransparente en negro. Sin olvidar unos zapatos con plataforma y aguja. Todo a estrenar.

Llegamos al Asador de Aranda. Somos los únicos, la gente se ha ido de puente.
Cenamos de fábula, la conversación es burbujeante y mezclamos más de la cuenta. Al marcharnos, MAX me ayuda a bajar las escaleras (¡malditos zapatos nuevos!); y, para que no decaiga la chispa, abrimos otra de vino en mi casa.
Lo que sigue lo recuerdo a trompicones: él y yo en el sofá, chocando nuestras copas; arrumacos etílicos ligeros de ropa; agua hirviendo para tomarme una manzanilla; MAX tirado en la cama, insinuante, vestido hasta las cejas y yo desnuda por completo; un volcán en ebullición echando los primeros gases por mi boquita de piñón; yo susurrando, a cau d’orella de MAX, que no me agite de ese modo; y por último: “me voy guapa, échate a dormir, lo necesitas.”
Fin de la historia.
The End.



El sábado, sobre las 8, se produjo la deflagración. Lava y rocas metamórficas en el camino que va de la cama al lavabo. Sólo una víctima mortal, yo misma mismamente.
A partir de ahí, manzanilla por un tubo, más episodios eruptivos y una llamada al médico de urgencias.
Sobre la una oigo la respiración entrecortada del escalador que lucha contra el millón de escalones para llegar a mi casa. Le espero abocada sobre la barandilla haciendo presión sobre mi estómago y completamente borracha. Para mi desgracia poseo hectárea y media de Ribera del Duero, sarmientos incluidos, centrifugando alcohol en sangre.

No hay mal que un salminerizado suero de naranja no pueda curar, dice el doctor, y se fuga con mascarilla de oxígeno incrustada en su face.
Lo único que resta es humillarme ante MAX. Coger el teléfono, articular sonidos coherentes y cancelar nuestro encuentro de hoy por la tarde (quería llevarlo al concierto inaugural de la temporada de l’Auditori).
Explicarle que la gastritis crónica que dormía plácidamente en brazos de Morfeo, despertó toda airada y doliente, por tanto ataque injustificado a su persona.
Y preguntarle, para acallar mi vergüenza y enfrentarme a él de buen rollo, cómo había acabado desnuda entre sus brazos.
¡Ah, por ventura! Qué difícil es que una beoda se haga entender una gracia cuando el hombre no sabe de humores y te suelta, a boca de cañón: “no puede ser que no te acuerdes, no ibas tan mal.”

Arruinado el fin de semana no queda otra que fustigarme con el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue, con la pasta invertida en tal desastre, y con una cacerola llena de calamares en salsa (¡qué asco por Dios!).

[Cualquier parecido con la realidad no es pura ficción. Las coincidencias… ¿eso qué es lo que es?]

5 comentarios:

Manel dijo...

La noche se presentaba como tu transparencia, blanco satén. De hecho, el curry iba aliñado con esa música de fondo en Procol Harum.
Max ( Maxima Atención eXtrema en la elección de la nuez, tampoco tiene del porque no hacer ruido).
Ya en tu segundo plato, pasado inadvertido en el relato, miré el reloj contando los minutos en que tu cuerpo de bambú cedería al meandro liquido desaparecido en tu cuerpo como ojos de Guadiana.
A trancas sin barrancas, la combustión súbita en llama, desnudó tu cuerpo en alfa de streptes desbordando tu abrigado vita en griego.
Descansaban las agujas de pino en pose incorrecta sobre la pulida madera, como descansaba tu desnudo cuerpo remarcando las sinuosas y fluorescentes curvas desprovistas de transparencias negras, brillando, en la oscuridad de la hora, ese vello ensortijado que luce y adorna tu azotea, goteando su orilla.
Cuando llegó el doctor, marchó por donde vino, sin beber, por cierto, de esa media botella de Ribera del Duero que lucía sobre la mesa de cuatro palos. La pedrera, peor que un parto, a base de naranja sin chinas e incursiones en bañera, quedó calmada en tu retiro. Al otro lado del baño, sin cortina transparente que sostuvieran tus curvas, llegaba la épica y la tragedia en sinfonía de Leningrado, Xostakóvitx y su Lady Macbeth, marcaban la Suite de Alone.
Todo parecido con la realidad, no es que sea pura coincidencia, es que coincide.

Igor dijo...

Oye, el relato es divertidísimo. Además, estoy algo cansado de leer aquello de que fue "fenomenal, increíble...". La realidad tiene muchas circunstancias.
Saludos

Tara dijo...

Manel, cómo me gustaría ver a esa mujer que pintas todas las mañanas, en el espejo de mi cuarto...


Igor, por fin tuve la valentía moral y humorística de poner la experiencia por escrito, para espantar los fantasmas... tanto los de carne y hueso como los de humo

Ramón Arbe dijo...

A mi me gustaria ser el espejo, para leer lo que pasa en tu cuarto,
cuando te pintan.

Me puedes poner, un taper de calamares para llevar.

No creo que me den asco.

Tesa dijo...

Alguno de estas citas me he comido en mi treinta y pocos de recién separada, sobre todo, años ha.

Aunque mi resistencia al alcohol ha sido siempre penosa, y procuraba controlar las copas cuando empezaba a trabárseme la lengua, pero así y todo, al día siguiente mi sistema digestivo hecho unos zorros, la cabeza como un coco rebanado y del amante y la lujuria nada de nada...

¿Por qué elegimos tan mal a los hombres, a veces?

Quien esté limpia de ese error que nos lo cuente.

Un relato fresco, divertido y real como la vida misma.

Un beso, Tara.