domingo, 30 de enero de 2011

resaKa


Hoy bufa de norte, con un frío sabor a sal.
El mar no se ve pero está sobre nuestras cabezas, cayendo del cielo.
La herrumbre se comerá los dientes precisos del tiempo, allá por el campanario; mas no todavía.

Mi postal es en blanco y negro, en gris metalizado, por el barullo de los charcos sobre las aceras, por los rayos de las farolas equidistantes.
Mojado mi pelo y calada hasta los huesos, me resisto a dejar mi atalaya.
¡Qué lejos se perciben las gotas de lluvia!



Dulces acordes a guitarra, the cure aliviando las mortecinas horas de insomnio.
Todo parecía más fácil anoche, con el tibio sabor a menta de aquel beso fugaz sobre unos labios tintados en mora. O al menos mucho más frívolo.
Si aún fumara, el humo se consumiría en la lluvia con la misma rapidez que lo hacen mis recuerdos de ayer. Fogonazos de una realidad en la que acabo siendo una espectadora más.



Me gusta estar aquí arriba, con los ojos disminuidos de no dormir, con la cara más pálida de lo habitual, pero relajada y a gusto.
El eco de la pasada noche de fiesta se pierde por el horizonte grisáceo de la tormenta, entre nubes empapadas de luz.

5 comentarios:

Igor dijo...

Amo expresiones como "nubes empapadas de luz" y esa ilustración-fotomontaje que has dejado. (¿Qué es?).
The Cure. No sé si van bien para no dormir, con sus bosques oscuros.
La tormenta pasa, la noche pasa.
Saludos.

Ramón Arbe dijo...

En blanco y negro, veo también una plaza, pocos árboles,
un horizonte casi todo cemento.

Noto que la lluvia salada del norte, me empuja hacia abajo,
me acerca a los charcos eternos.

Oigo una caja de música a lo lejos,
que repite su metálica melodía,
llamándome al recuerdo.

Veo una bufanda al viento...

Una esperanza, más allá de los grises, aunque las moras, los fogonazos y el mar, queden tan lejos.

Mientras tanto, mojados tus huesos, calado tu pelo,
ahora ya, cierra tus cansados ojos, y vuelve a soñar,
la atalaya es solo tuya, mañana te estará esperando.

Manel dijo...

El azote del viento, de norte a sur, barre las calles de promesas escritas en papel espiral, trazando su línea curvada alrededor de ese punto y seguido. La luz, gris marengo como sus ojos, va desvaneciéndose en esa hora del adiós.
A lo lejos, se oye el estruendo del tiempo y, sin respiro, se resquebraja el cielo en color rojo relampagueante. El día, en blanco y negro, se va transformando en el multicolor encendido de la tarde, anaranjado horizonte en irisado arco que alumbra el rayo que no cesa.
El agua mar del cielo, baña las desvestidas cabezas, chapoteando esas gotas de agua contra el mosaico que forman las aceras cuarteadas, saltando y bailando su agua en afluentes sin desembocadura.
Que cerca se percibe su voz. Que lejos queda ella acompañando sus pasos camino de su lar, como dios de su existencia, su hogar en las horas compartidas.
A resguardo de esas discriminadas balas de agua, baja sus parpados abandonando la lectura, se acerca a su voz, tan lejos su presencia, para escuchar en silencio las notas que ella le dejó en su adiós: kiss me kiss me kiss me with desire.

Su deseo, el deseo de él, solo ella lo sabía.

Anónimo dijo...

¡Ojala mi resaka hubiera sido tan bella!
Lo mejor de la noche... nuestra despedida. Inconsciente primero, luego toda nuestra.

Anónimo dijo...

En la foto se ve el mundo como un culo de botella, la poesía es muy bella, una resaca de absinta, muy "poètes maudits", mi más cordial enhorabuena.
Anne fatosme