lunes, 16 de mayo de 2011

Siente el latido de tu corazón

Si el año pasado fueron las baladas, este año ganaron la batalla los niños prodigio, las ganas de salvar el mundo… y los gritos.
Lo de los infantes no es mío, es de José María Iñigo, el comentarista del certamen, mucho más comedido que el desenfrenado y salido Uribarri.
Tal y como lo dijo: “esto parece una convención de niños prodigio”.


¿Por qué? Pues porque la mayoría de los cantantes, a la edad de 4, 5 o 6 años ya cantaban, tocaban algún instrumento e incluso componían.



Por cierto que Italia, después de 13 años sin venir, quedó segunda!!!
Yo creo que este detalle tendría que hacer reflexionar a otras naciones (………… venga, ya está) y darse un merecido descanso.
En fin, pasemos a las ganas de salvar este mundo maravilloso.



Una mención especial para los chicos de Islandia, Sjonni’s friends, los auténticos predicadores del ejemplo.
Resulta que Sjonni murió hace unos meses y el resto del grupo, junto con la viuda, decidieron seguir adelante con su proyecto y presentarse al festival.
¡Qué hay más maravilloso que tirar’pa’lante ante las adversidades!
Ooooooohh.


Y ahora vamos con los gritos, esos estallidos vocales, a lo Whitney Houston o Mariah Carey, que tanto odio.
Que está bien demostrar lo bien que se canta pero, carajo, sin llevarse por delante los oídos ajenos.
La palma se la llevó Austria, pasen y oigan.



A los gritos también se añadió, en la tanda de votaciones, la presentadora que daba la relación del jurado alemán, e Iñigo, muy recatado en todos sus comentarios apostilló…
“¡Pero qué gritos!... no confía en la técnica… ¡si tiene un micro!”

Al fondo, me dicen, hay alguien interesado en los modelitos, los palmitos y los escenarios bonitos.
Bien pues de ropita, ya habéis visto la camisa sin espalda del chico de Dinamarca.
O las chaquetas en rojo puta de los gemelos de Irlanda (del color de Lipstick, su canción).
O el vestido hiper corto, sin una manga y con otra de capa tunera de la de Hungría; aunque yo me quedaría con el pastelito Sacher que luce de anillo.


Y en cuanto a los escenarios, los alemanes se lo curraron de lo lindo (menos en el caso español).
El de Irlanda fue muy pop-art; y los de Finlandia y Francia muy astronómicos.
Ukrania fue más lista y proyectó a lo grande el arte efímero en arena que se iba diseñando desde el escenario.




¿Y que decir de España?
Que nos dieron 50 puntos y aún no lo entiendo… total, para quedar los terceros por la cola.
Y que nos votan, a parte de los dos únicos vecinos que tenemos (esto de la tectónica de placas nos está costando muy caro), países del este que no se acaba de entender de qué van:
Portugal 12
Francia 12
Rumania 5
Albania 5
Estonia 4
Macedonia 4
Suiza 3
Eslovaquia 2
Eslovenia 2
UK 1

Para acabar, lo mejor del festival:
- que TVE ya tiene música para sus separadores publicitarios, sólo tiene que coger la canción ganadora de Azerbaiyán y listos.
- la conversión del estadio de futbol del Fortuna de Dusseldorf en plató televisivo (que resulta que, encima, al equipo de futbol le han construido otro campo, con gradas incluidas, al lado de su propio estadio, mientras duraban las obras de acondicionamiento para el festival…. estos alemanes son la leche).
- y yo de mayor quiero ser como Raffaella Carra, que cantó las votaciones desde Italia, y que está más fresca que una lechuga.


Y ahora sí, cierro con mi favorita, Serbia, que presentó a 4 Massieles con vestidos trapecio y ritmo sesentero.


Y, en honor a MF, la reencarnación de David el gnomo pero en moldavo… sin comentarios.

4 comentarios:

Igor dijo...

Ahh. Me estoy haciendo mayor. Las canas me salvan de bochornos como "eso". Me recuerda a OT: "only marketing".
Saludos.

German Buch dijo...

Ayer noche, me enteré que había pasado el Festival de Eurovisión.
Sinceramente creí que era un festival para el recuerdo de un tiempo sin color. Y no, sigue siendo un festival obsoleto arcaico y desfasado.
Ni me enteré que falló el festival ¿qué día? ni quien resultó ganador (leyendo tu reseña, uno se entera de cual y tal)
Al pancho (no por cantar boleros) de Uribarri, jubilado en su jubilo día, le suplanta otro orondo personaje, el José María Iñigo, eso sí, sin su peluca de los finales años sesenta y primero setenta, sin su peculiar foulard que floreaba su cuello en esos años imitador de hippie al estilo Scott Mckenzie “Some Flowers in Your Hair” (San Francisco. Flores en tu pelo).
Un festival, de verdad, que creí había pasado página.
El tiempo pasa; miro al espejo, dándome cuenta que la nieve platea mi azotea.

Miss Migas dijo...

Fíjate! Me acabo de enterar que ya ha sido Eurovisión... Me ha gustado mucho cómo nos lo cuentas y cada vez que pienso en ello me da vergüenza que siga habiendo este tipo de espectáculos estrafalarios.
En fin.
To be continued...


Muá

Tesa dijo...

Creo que la última vez que vi el festival una mujer cantaba en nombre de España "Ay quien maneja mi barca, que a la deriva me lleva"

Y se fue tan a la deriva que no le dieron ni un voto.

Eurovisión es de esas cosas que yo creo que ya no existen y que mis amigos se parten de risa cuando lo digo: como el Bingo, el jabón en polvo para la lavadora o los huevos de madera para zurcir calcetines.

De verdad, Tara, ¿que existe Eurovisión? Yo es que vivo en otra dimensión.

He estado viendo los vídeos y no sabría decirte...El de los gnomos, lo más.

Un beso,